El trabajo del barro, que crea formas bellas y útiles, se practica desde hace miles de años en las comunidades del estado de Michoacán y el paso del tiempo al contrario de muchas tradiciones cerámicas no ha afectado en absoluto la riqueza de nuestra tradición alfarera. Cada región del estado guarda coincidencias en algunos procedimientos de las técnicas, sin embargo, cada una de ellas imprime rasgos característicos de su comunidad y medio geográfico, como es el caso de la comunidad de Capula.

La Alfarería Tradicional de Capula es muy característica y se puede distinguir porque sus diseños son casi siempre abstracciones de flores y hojas pintadas con color blanco, un fondo café obscuro y verde, utilizando pinceles de pelo de cola de ardilla.

Esta alfarería requiere de dos quemas para alcanzar su acabado: una para cocer, la otra para vidriar o esmaltar y darle así a la pieza impermeabilidad y brillo. Se decora en crudo con engobes coloreados a base de pigmentos y óxidos minerales y su terminado se conoce como vidriado.

En la actualidad para la creación de estas piezas, se siguen utilizando los hornos tradicionales hechos por los propios artesanos con adobes y leña para la quema, trabajan con dos tipos de tierra, una bofa arenosa de color blanco y la otra maciza de color roja que se caracteriza por su elasticidad.

En Capula podremos encontrar una gran diversidad de utensilios tradicionales dentro de la cocina mexicana, como son ollas y cazuelas de diferentes dimensiones, comales, platones y platos; jarros de diferentes formas y tamaños, vajillas y juegos de agua, además de macetas para uso decorativo.